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Fernando Martins de Bulhão nació en Portugal en 1195. Lleva el apellido Padua por la ciudad italiana donde trabajó y murió. El “Santo de todo el mundo”, “doctor evangélico de la iglesia”. En uno de sus maravillosos sermones, dijo:

“El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree.”

Siendo ese el mayor problema de la iglesia en estos días, que afecta no sólo a los que asisten a ella, sino también a los que predican en ella.

“A pesar de estar muy enfermo de hidropesía, San Antonio predicaba los 40 días de cuaresma. La gente presionaba para tocarlo y le arrancaban pedazos del hábito, hasta el punto que hacía falta designar un grupo de hombres para protegerlo después de los sermones.

Se muestra a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; debido a que un día cuando San Antonio estaba de visita donde un amigo suyo, el amigo de San Antonio se asomó por la ventana y vio al santo contemplando a un niño muy hermoso que sostenía en sus brazos. En las representaciones anteriores al siglo XVII aparece San Antonio sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras. En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que mostraba el santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real.

San Antonio es el patrón de los pobres y, ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesión, se llama “pan de San Antonio”; esta tradición comenzó a practicarse en 1890. No hay ninguna explicación satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción esté relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la “Chronica XXIV Generalium” (No. 21): un novicio huyó del convento y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparición terrible y amenazante que lo obligó a regresar al convento y devolver el libro.

Hago este pequeño homenaje a San Antonio, el hombre que se mantuvo firme en sus principios y su fe a pesar de los conflictos que vivió y vio a su alrededor.

En repetidas ocasiones y a instancias de un amigo, le he pedido por algo perdido después de buscar infructuosamente y ha aparecido de súbito. Como ayer viví una experiencia así y no había escrito nada en mis blogs desde hace más de un mes decidí que era hora de dar públicamente las gracias a Antonio de Padua. El santo tocado por la gracia del Espíritu para ayudarnos en nuestro camino por la vida a cambio de un poco de fe.

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Para más información puede ir a la página:

http://www.corazones.org/santos/antonio_padua.htm


Los precios suben, suben, suben… y nadie hace nada. No hay trabajo, y nadie hace nada. El seguro médico sube y nadie hace nada. La gasolina sube y nadie hace nada. Todos vamos como corderitos y pagamos, como si vivieramos en un país con un gobierno totalitario.
No se organiza una manifestación, ni una protesta. Nos entretienen con la elecciones.
Por mi parte estoy recordando los trucos que usaba para subsistir en Cuba hace 30 años.
Porque aunque hay una famosa frase de que “cuando Estados Unidos tose, el resto del mundo ya tiene pulmonía”,
me parece que ya no es tan así.
Mejor decir “cuando China tose, Estados Unidos tiene pulmonía”.
¿Alguien se ha puesto a pensar en que sucederá el día que China deje de exportar a Estados Unidos?
Cuando llegué acá, este era el país más rico del mundo, ahora está en el tercer lugar junto a la India.
¿Adónde vamos a parar?

Plagio de Blogs

Esta nota es para darle las gracias al anónimo que me informó del robo de mi poema en prosa Estabas y no te vi, por otro blogger.

El ladrón se hace llamar Javier y su blog es el siguiente:

http://www.liberando-mi-mente.blogspot.com/
En la foto de arriba.
Como ven robó mi poema con foto y todo.
Este poema en prosa pertenece a un libro mío llamado Casajena, el cual tiene copyright de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Ya he informado a Google de este plagio.
No pude comunicarme con el individuo o individua en cuestión todavía.
Estén muy atentos porque parece ser que hay mucha gente poco creativa que necesita llevarse lo ajeno.

En busca de la raíz mística de la cristiandad en la iglesia católica, leo Ningún hombre es una isla de Thomas Merton.

El titulo del libro proviene del poema de John Donne, al igual que el titulo del poema fue usado por Ernest Hemingway en su libro ¿Por quien doblan las campanas?

(A la izquierda una foto de Thomas Merton y el monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh)

Esta es la traducción del poema:

POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS

Ningún hombre es en sí
Equiparable a una isla;
Todo hombre es un pedazo del continente,
Una parte de tierra firme;
Si el mar llevara lejos un terrón,
Europa perdería
Como si fuera un promontorio.
Como si se llevara una casa solariega
De tus amigos o la tuya propia.
La muerte de cualquier hombre me disminuye,
Porque soy una parte de la humanidad.
Por eso no preguntes nunca
Por quien doblan las campanas,
Están doblando por ti.

John Donne

Thomas Merton fue un monje trapista y autor de cerca de 60 libros, nacido el 31 de enero de 1015 en Prades, Francia. Murió el 10 de diciembre de 1968 cuando al salir del baño piso un cable defectuoso de un ventilador y se electrocuto. Escritor católico aclamado, poeta, autor y activista social. Merton también era un defensor del diálogo inter-religioso, comprometiéndose en los diálogos espirituales con el Dalai Lama, Thich Nhat Hanh y D. T. Suzuki.
Él había desarrollado un radicalismo personal que tenía implicaciones políticas pero no era basado en una ideología en particular, más bien en la no-violencia. El objetivo era ” la simplicidad ” y lo expresó con sensibilidad cristiana. En una carta a un escritor católico latino-americano, Ernesto Cardenal, Merton escribió: ” El mundo está lleno de grandes delincuentes con un enorme poder, y a la vez ellos están en un forcejeo de muerte entre sí. Es una batalla…, donde usan abogados y policías y clérigos al frente, controlando los papeles, los medios de comunicación, y alistando a todos en sus ejércitos”. (Carta, del 17 de noviembre de 1962, cita de Merton de Estadio de Mónica,: una Biografía, pág. 263)”..


Claramente descrito en estos fragmentos de cartas de la época en que Jesús vivió, tenemos una idea de como era la personalidad y el aspecto físico del Hijo de Dios, El Maestro de Maestros, el verbo hecho carne que cambió el mundo para siempre. Usando su nombre se han cometido errores históricos y se han manipulado a las multitudes. También en su nombre se han hecho actos de bondad inigualables, por ejemplo la vida de la madre Teresa y las vidas de muchos seres humanos que se entregaron a vivir su palabra desde sus puntos de vista. Vayamos a la esencia de su estancia como ser humano entre nosotros y de ahí, busquemos dentro al Jesús del que nos alejamos constantemente y que siempre espera nuestro regreso. Sin institucionalismos, ni reglas absurdas de temor y odio. Todo se resume a amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo.
Estos son los fragmentos que he encontrado en mi búsqueda:


“Es de elevada estatura, distinguido, de rostro venerable. Sus cabellos, ensortijados y rizados, de color muy oscuro y brillante, flotando sobre las espaldas, al modo de los nazarenos. La frente es despejada y serena: el rostro sin arruga ni mancha. Su nariz y boca son regulares. La barba abundante y partida al medio. Los ojos color gris azulado, claros, plácidos y brillantes; resplandecen en su rostro como rayos de sol, de modo que nadie puede mirarle fijo. Cuando reprende es terrible; cuando amonesta, dulce, amable, alegre, sin perder nunca la gravedad. Jamás se le ha visto reír, pero sí llorar con frecuencia. Camina con los pies descalzos y con la cabeza descubierta. Estando en su presencia nadie lo desprecia; al contrario, le tiene un profundo respeto. Se mantiene siempre erguido; sus brazos y sus manos son de aspecto agradable. Habla poco y con modestia. Es el más hermoso de los hijos de los hombres. Dicen que este Jesús nunca hizo mal a nadie; al contrario, aquellos que lo conocen y han estado con él, afirman haber recibido de él grandes beneficios y salud. Según me dicen los hebreos, nunca se oyeron tan sabios consejos y tan bellas doctrinas. Hay quienes, sin embargo, lo acusan de ir contra la ley de Vuestra Majestad, porque afirma que reyes y esclavos son todos iguales delante de Dios” (Publio Léntulo, procurador de Judea al emperador)

Poncio Pilato saluda al emperador Tiberio César.

Jesucristo, a quien te presenté claramente en mis últimas relaciones, ha sido, por fin, entregado a un duro suplicio a instancias del pueblo, cuyas instigaciones seguí de mal grado y por temor. Un hombre, por vida de Hércules, piadoso y austero como éste, ni existió ni existirá jamás en época alguna. Pero se dieron cita para conseguir la crucificción de este legado de la verdad, por una parte, un extraño empeño del mismo pueblo, y por otra, la confabulación de todos los escribas, jefes y ancianos, contra los avisos que les daban sus profetas y, a nuestro modo de hablar, las sibilas. Y mientras estaba pendiente de la cruz, aparecieron señales que sobrepujaban las fuerzas naturales, y que presagiaban, según el juicio de los físicos, la destrucción a todo el orbe. Viven aún sus discípulos, que no desdicen del maestro ni en sus obras ni en la morigeración de sus vidas; más aún, siguen haciendo mucho bien en su nombre. Si no hubiera sido, pues, por el temor de que surgiera una sedición en el pueblo (que estaba ya como en estado de efervescencia), quizá nos viviera todavía aquel insigne varón. Atribuye, pues, más mis deseos de fidelidad para contigo que a mi propio capricho el que no me haya resistido con todas mis fuerzas a que la sangre de un justo inmune de toda culpa, pero víctima de la malicia humana, fuera inicuamente vendida y sufriera la pasión; siendo así, además, que, como dicen sus escrituras, esto había de ceder en su propia ruina. Adiós. Día 28 de marzo.

Click para ver un site con fotos muy interesantes de visiones de Jesús

Dostoiewski, nacido el 21 de octubre de 1821, ha sido mi escritor favorito de toda la vida. Me acompañó en aquellos años de adolescencia y primera juventud con sus novelas. Sin embargo no conocía esta historia de su vida. La escribio P. Aguilar como parte de un curso de metafisica desde el punto de vista católico, que se encuentra en la página:

http://es.catholic.net/psicologoscatolicos/362/2839/articulo.php?id=30076

1. El viaje inesperado

Aquel día gélido y sombrío de invierno parecía calcar el alma de Fiódor Mijáilovich. Era el día más triste de su vida. Era su último día. Tenía tan sólo 28 años. Estaba lleno de vitalidad y de utopías sociales. Por eso, de hecho, lo conducían al paredón el 22 de diciembre de 1849.

Había participado en las discusiones secretas sobre reformas políticas y económicas en la casa del idealista Mijáil Petrashevsky. En abril la policía le había arrestado junto a 23 miembros del grupo revolucionario. Durante la investigación y el juicio Fiódor se había mantenido en calma, pero ahora, ¡tenía tantas ganas de vivir! Frente al paredón le colocaron en sexto lugar. Más que realidad todo parecía una horrible pesadilla; pesadilla que, sin embargo, iba a terminar pronto, muy pronto, cuando el general Kosarov gritara esta sola palabra: «¡Fuego!». Al fin Kosarov abrió la boca, mas no para ordenar el fusilamiento, sino para anunciar: «En su infinita clemencia el zar Nicolás I os concede la vida». Fiódor no sabía si estaba soñando.

Le conmutaron la condena por cuatro años de trabajos forzados en Omsk, Siberia, y cuatro años de servicio militar. Pero, ¡estaba vivo! ¡Vivo! Ahora veía su vida con nuevos ojos. Transmitiría esta visión y experiencia en sus grandes novelas, que llegarían a leerse en todo el mundo. La gente conocería a su autor más bien por su apellido: Dostoievsky.

Al igual que Dostoievsky hemos recibido la vida, inesperadamente. Tras un grave peligro, enfermedad o accidente sentimos, como el novelista ruso, el anhelo de seguir viviendo y de encontrar el valor de vivir. Vivir más, sin embargo, no nos deja más satisfechos. «¿Qué sentido tiene morir a los 28 años?», se preguntaba Dostoievsky. Una pregunta que, en definitiva, no hubiera cambiado con la edad: ¿qué sentido tiene morir a los 40 ó 60 u 80 años?

A fin de cuentas, seguiremos rastreando las huellas de la dicha inalcanzable. Nuestra felicidad es como el horizonte: por más que avancemos, siempre permanecerá allá, al fondo. El problema no es vivir, sino saber porqué y para qué vivir.

Por eso, no sin razón, se ha parangonado nuestra condición con la de un grupo de viajeros en un tren rápido, que se despierta de pronto. «¿De dónde ha partido este tren? -se preguntan- ¿Cuándo y porqué? ¿A dónde se dirige? ¿Y por qué este tren y no otro? ¿Por qué nos metieron en él sin preguntarnos? ¿Para qué viajamos?»

Preguntarse por el sentido de la vida quiere decir, entonces, buscar el significado de nuestro viaje. Podemos contentarnos con analizar las dimensiones, los materiales y servicios del tren; podemos dormirnos o disfrutar el paisaje o pasar el tiempo jugando a las cartas. Pero también podemos, como Dostoievsky, redescubrir el valor de seguir viajando, despertarnos del sueño con que dejamos pasar la vida, y dedicarnos a pensar y a discutir sobre el origen y el final de nuestro trayecto. Podemos incluso reflexionar metódicamente al respecto. A este sistema de reflexiones racionales sobre el sentido de la vida, de la realidad que nos embarga –el tren y el mundo en que viajamos–, le llamamos metafísica.

Un tipo raro


 Pensaba en ella porque la soledad arrastra al ser humano hacia el vacío y porque sabía que no existía otro riesgo que el de engañarse para alejar la mente de los problemas reales, aquellos que no tienen solución. Estaba en el limbo, con el espíritu fragmentado y un dolor inexplicable día y noche. Al borde de la nada, en espera de un puente o una cuerda para cruzar sobre las revueltas aguas verdosas que lo llamaban dentro de su abismo. Sólo tenía que dejarse rodar por la blandura fangosa de su psiquis y ya en la corriente, abandonarse a merced de la vida, como en aquellos años de sus veintitantos, en los que el existencialismo brutal que emanaba de su depresión lo sorprendía sin reloj en la ciudad, envuelto en las noticias de periódicos que no leía. En aquel entonces, nadie podía llegarle dentro para desgarrarle sus zurcidos sentimientos.

  Dentro del radio de acción de él, ella existía, huyendo siempre de sí misma, abierta a nuevas experiencias, a conceptos filosóficos complicados, atraída ligeramente por el mundo hexagonal donde él se movía. Nueve años los dividían, y algo más, seres del pasado, horarios, complejos condicionados. A veces llegaba a la conclusión de que su atracción era fatídica, de que contraería una enfermedad fatal si al fin ella accedía a acostarse con él. Era el pájaro brutal de la tristeza que se le despertaba en medio del pecho mientras hablaban. No podía neutralizar el maleficio. No la alcanzaba ni con sus manos, ni con su espíritu. Era una visión en el centro de un camino infinito. Cuando se pierde la fe en el amor de nada valen los esfuerzos humanos.

  Todo ocurría fuera de tiempo y él provocaba cada hecho, cada palabra y hasta sus respuestas. Cuando trató de besarla por pura soledad, circundado por su depresión, anticipaba la negación de ella. Se sentía miserable, se inyectó de el hecho para sentirse más miserable. Sobre todo porque incluso dentro de su falta de esperanza en la perfección individual, lo definía una elegancia cautelosa en el amor. Esta actitud traicionaba a su propia personalidad. Una vez más los filósofos orientales tenían razón: el éxito espiritual era prescindir del deseo. Su cuerpo físico buscaba el placer que no poseía en su espíritu.

 Control era la palabra clave.

 En todo esto pensaba mientras se vestía y desayunaba. El viaje al trabajo fue más lento que de costumbre. Las gomas de su automóvil parecían pegarse al pavimento.

 Trató de sentir algo romántico. Escuchó el tape que a ella le gustaba; pero muy al contrario experimentó unas nauseas que provenían más bien de los órganos invisibles de su interior.

  Ensimismado, dio los buenos días y se introdujo en el baño, una vez allí se lavó la cara como si borrara todas las ideas para empezar un nuevo día. Cerró los ojos muy fuerte y los abrió de frente al espejo. La imagen reflejada le pareció inverosímil. El rostro envejecido, las carnes descendiendo sobre las mandíbulas inferiores, la mirada apagada, tres arrugas intensas de sien a sien, otras a ambos lados de los ojos que flotaban sobre profundas y oscuras ojeras. Una sombra amarillenta le cubría la piel.

  Fue entonces cuando tomó el teléfono y la llamó para disculparse por su conducta la noche anterior, para disculparse por haberla deseado con aquella ternura, de la que ella nunca sabría. Al menos el último acto de su juventud, la última impulsividad del amor, quedaba limpia.

 Ella respondió fría como siempre, pero él ya no la escuchaba. Lo encontraron treinta minutos después con el cortapapel en medio del corazón.

  Se armó un revuelo enorme y ese día el editor no tuvo que preocuparse por la noticia que iría en primera plana. Cuando el detective localizó el número de ella para investigar los motivos del suicidio, la muchacha contestó que ni se imaginaba por qué lo hizo; pensándolo bien, era un tipo muy raro.

 Una semana después, durante la cual le hizo una llamada diaria a la muchacha sin recibir respuesta, el caos disminuyó la velocidad de su torbellino circular. Hizo un pequeño paquete con todos los pensamientos y las pertenencias de ella y se dirigió a su casa. Esa sería la última vez.

 Cambió de idea.

 Y entonces se impuso la realidad. Ella volvió a darle una cita para la misma película, por tercera vez. Llegó el domingo. Las once de la mañana y no lo llamó. Entonces él le canceló la cita. Se vistió, fue a casa de un amigo donde sabía que ella estaba, y allí se vieron por primera vez a miles de millas de distancia, entre polo y polo, con toda la tierra por el medio.

El dilema de comer carne

La mayoría de los cristianos comen carne de res. La decisión se basa en los textos de la Biblia donde Dios pone a disposición del ser humano cuanto hay en la tierra.Otras filosofías y religiones orientales como la hindú, se abstienen de comer carne. Una de las razones que dan para ello es que al comer la carne de un animal sacrificado, estamos también ingiriendo su sufrimiento al morir. Si esto es así, un tour a un matadero bastaría para que cualquier persona sensible no volviera a comer carne en su vida.

Ahora sale esta noticia de abusos de animales, en un matadero de California.

Me pregunto a cuantas personas se les despertó la conciencia y la compasión al ver esta noticia.

Sí. Voté por Hillary Clinton. Primero, porque es mujer y a este país le hace falta una presidenta. Una mujer que sea sensible al problema grave que tenemos con la salud pública. Alguien que tenga un poco de compasión, antes de tomar la decisión de ir a matar a derecha e izquierda a un montón de gente de las cuales ni conocemos su cultura, sencillamente porque un tipo con una banda de terroristas logró agredirnos en nuestra propia cara. Total que al tío no lo han capturado. Y los terroristas siguen campeando por su respeto.
Además vamos a dejarnos de cuentos, hay que reconocer que Hillary demostró mucha clase y ni siquiera se inmutó, cuando ocurrió el incidente sexual de su marido con la Mónica. Las mujeres sabemos como eso puede afectar nuestro ego y ella, siguió adelante como si nada hubiera pasado. Si tuvo pantalones para soportar e ignorar las burlas de la media y el público, creo que muy bien puede manejar la política internacional. Al fin y al cabo, la política no es más que un chismoteo muy bien pagado.
Voté por Hillary Clinton porque los trabajos han desaparecido y ya no ocupan ni dos páginas de los periódicos locales, todos se buscan en Internet y me pregunto cuantas personas encuentran algo en Internet.
Voté por Hillary con la esperanza de que bajen los precios de la gasolina, cuando ella termine esa guerra inútil y personal de Irak, donde mueren nuestros jóvenes y muchos inocentes iraquíes.
Voté por Hillary Clinton. Estoy orgullosa de decirlo.

Después de tener un Toyota Camry del ´88 desde 1996 y hacerle muy pocas reparaciones, comenzó a acumular problemas de mantenimiento por lo viejo, más que por otra cosa, hasta que ya no arrancaba bien, y como el costo de reparaciones iba a ascender por encima del valor del carro, decidí empezar a buscar otro.
Mi primer preferencia era otro Toyota, preferiblemente Camry o de lo contrario un Honda Civic.
Fui a los negocios de vendedores de carros más cercanos y grandes del área por tres meses. Tuve las experiencias usuales de sobreprecios e insistencia y posibles engaños que se conocen.
Me di por vencida porque mi presupuesto no era muy alto, ni quería gastar mucho para estacionar en la calle, (he visto carros nuevos muy dañados por no tener un estacionamiento cerrado).
Fue imposible conseguir un Toyota Camry o Honda usados en una condici’on decente o mejor que el mío, por menos de $10,000.
Así las cosas comencé, llena de pánico, a investigar los mejores carros americanos en las listas de las revistas del consumidor y en la Internet, por opiniones de sus dueños y encontré que el Ford Taurus no era de los peores, (aunque no tenía un 10 como Honda y Toyota).
Encontré uno a través de la página web de un dealer, y fue un milagro que no era mentira lo que estaba escrito, pues antes siempre las fotos en Internet eran para “pescarla” a una y hacerle ir al dealer y no encontrar nada que sirviera por menos de 13 o 14 mil dólares, o encontrar algo malísimo por $9,000.
Compré un Tauro muy bonito, bajo de millas, un poco grande para gastos de gasolina y lo estoy estrenando. (Me pregunto por qué lo dejaría el dueño allí donde dan muchas veces $1 por su carro cuando lo intercambia por otro).
Hasta ahora no tengo quejas, pero esto lo cuento con los dedos cruzados a mi espalda, porque mis 3 carros americanos anteriores me arruinaron con reparaciones, así literalmente. Eso sin añadir el estrés que causa un automóvil problemático.
¿Qué más les puedo decir? Que no entiendo por qué el dealer me está cobrando más de $100 para hacerme los papeles de registración, chapas y traspaso de titulo, por lo cual he de esperar 2 semanas cuando yo pude hacerlo el lunes siguiente en menos de una hora y ahorrarme los $100 o más que cobran.
Pero en fin, hasta he bendecido este carro, porque lo cierto es que por más nuevo que los vea, los autos americanos me ponen nerviosa.
Ayer doné mi Toyota a “Outreach”, aún anda, después de dar un poco de trabajo para arrancarlo. Fue muy triste verlo partir con su nuevo número en el cristal. Me sirvió por 11 años fielmente, si se rompió 3 veces fue mucho y la última me lo rompió un mecánico poniéndole la pieza que no iba, de ahí me dio problemas hasta ayer. Se me hizo un nudo en la garganta, era como despedir un animalito que una tiene por años, muchos recuerdos, muchos momentos y gran servicio. Espero que sus días terminen ayudando a algún niño con cáncer o necesitado, así como digna fue su larga vida. Gracias Toyota.

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